11 de Febrero del 2013.


Orlando, tridimensional.

Orlando Quevedo: "Soy el mejor alumno de Cosme Proenza".
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Comentarios: (4)

Hay una pregunta, simplista, que por alguna extraña razón no puedo evitar hacerle a los pintores al momento de conocerlos personalmente. En mi defensa, y como apurada disculpa, podría alegar que dicho cuestionamiento puede ser extrapolado a todas las manifestaciones del arte.

Con estos antecedentes me encontré cara a cara, en Miami, con el talentoso pintor cubano Orlando Quevedo, quien en la actualidad reside en la norteña ciudad de Filadelfia y estuvo de paso, por unos días, para presentar su primera exposición permanente en esta ciudad.

   
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    Quevedo llegó a los EE.UU. cruzando la frontera con México, a los 23 años, y alcanzó el suelo norteamericano, veinte años atrás, literalmente descalzo, pues sus zapatos se rompieron durante la travesía.

Una mirada al directorio del elegante centro comercial, Village of Merrick Park, de Coral Gables, donde está ubicada la galería que lo exhibe, nos permite imaginar cuál es el tipo de público al que están destinadas sus obras en la actualidad.

Desde ahora, quienes visiten las tiendas Gucci, Carolina Herrera, Adolfo Domínguez, Hugo Boss, Faconnable o la joyería Tiffany & Co., podrán llevarse a casa, además de sus compras habituales, una hermosísima acuarela, o tal vez un buen óleo, de nuestro Orlando Quevedo.

orlando-la-familia

Es impracticable no reflexionar sobre el camino que debió transitar el artista cubano, nacido dentro de eso que todavía algunos llaman Revolución, para llegar hasta aquí y tener tanta fortuna, muy lejos de los avatares del país que dejó atrás. Es imposible no sentir orgullo ante el triunfo de un compatriota en tierra ajena, aunque Orlando me hizo saber, en más de una oportunidad, que él se siente muy desvinculado de Cuba. Lo dijo sin desprecio, tratando de ser sincero conmigo. Sentí alegría de saberlo totalmente libre, un cubano mil veces libre que no se siente atado para siempre a esa roca camaleónica que llamamos Cuba.

Orlando fue un excelente anfitrión, compartió sin prisa con todos los allí presentes, ataviado con su traje elegante y sin dejar un sólo momento de sonreír.

Cuando por fin llegó mi momento, mientras me ofrecía en la trastienda algo más adecuado a mi gusto que aquel vino que escanciaban a todos los invitados, y tras decidirme por el champagne, burbujeante y ligero, le hice la vieja pregunta, amparado en la confianza de estar lejos de todos.

¿Qué hace a un pintor ser genial, su buena técnica o poseer un gran concepto?, le cuestioné tratando de no alejar la copa de mis labios, como ocultándome en el descuido de beber su néctar.

Orlando mordió el anzuelo y respondió como el estudiante seguro que contesta a la pregunta del tribunal de profesores en el examen final. "La técnica es lo más importante", rotuló con la firmeza de quien cree saberse la respuesta.

Para provocarlo, le recordé que los clásicos griegos clasificaban a los pintores y escultores como simples artesanos, trabajadores manuales envueltos en lo terrenal y hundidos consecuentemente en lo efímero.

"Por eso mismo yo me considero un artesano", apuntilló nuestro pintor como iluminado.

¿Y el caso de Fidias, el arquitecto y escultor griego que dirigió a otros arquitectos además de cuadrillas de pintores, escultores, artesanos y albañiles para levantar el Partenón y toda su obra escultórica en la Acrópolis ateniense, sin apenas ensuciarse - le insistí-, o más reciente, los cuadros de Rembrandt pintados por sus alumnos, y no por la mano del maestro, que ni lo expertos pueden distinguir al autor, acaso no son también geniales?

Orlando cambió la expresión de su rostro por un segundo, como quien se aparta en sí mismo para reflexionar, y contestó recuperándose: "En ultima instancia creo que sin una buena técnica no hay genialidad posible, creo en el trabajo manual, por eso soy un artesano", reafirmó con la sonrisa más amplia de la noche y pronunciando cada palabra con un inconfundible acento del oriente cubano.

Ya entiendo, acoté intentando hacer una broma, de un lado tenemos a "Los Carpinteros" y en el otro estás tú, el "Artesano".

"Seguro", asintió esta vez levantando su copa, pero la mención a Los Carpinteros, artistas plásticos cubanos de su misma generación y bien reconocidos, pareció tocarlo de alguna forma, porque a partir de ese momento le fue más fácil hablar de su pasado en la Isla.

Habló de sus estudios y del Instituto Superior de Arte (ISA), en La Habana, del poco respeto que hoy conserva por sus viejos maestros y profesores, con la excepción del también holguinero Cosme Proenza, de quien se considera con desparpajo, "el mejor alumno".

orlando-love-of-art

Por el decir de Orlando, casi nada es salvable de su pasado insular y nuestra conversación se fue desplazando al exterior, al mundo anchuroso que hoy nos acoge, como exiliados o emigrantes.

Para Quevedo, con el pintor y ajedrecista francés, Marcel Duchamp, el camino de los que menospreciaban la técnica había llegado a su fin. Duchamp, recordemos, aclamaba por el puro ejercicio de la voluntad como valor artístico sin necesidad de una formación o talento. La Fuente de Duchamp, ese urinario elevado a la categoría de arte que todavía no ha sido superado como acto, era justamente el non plus ultra de todos los defensores a ultranza del "concepto".

la-fuente

Los propios cuadros de Orlando, al óleo, son bellos pastiches cargados e insuflados de tridimensionalidad, como salidos de una moderna impresora digital y no de los tradicionales pinceles. Cada habitación o espacios interiores dibujados por él, albergan una referencia explícita a otros lienzos de pintores famosos o grandes maestros, y es evidente el intento de apropiación de aquellas obras, al menos en significado, perfectamente reproducidas ahora por las manos habilidosas del cubano.

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Sin embargo hay un hedonismo cargado de sexualidad tropical que hace a esas pinturas archiconocidas, reproducidas sin descanso dentro de las escenas por Orlando Quevedo, tomar un nuevo aire. Muchas veces las acompaña en la misma composición con mujeres desnudas o poco vestidas capturadas en momentos melancólicos y reflexivos, como de post-coito. Incluso, cuando la mujer no está, su presencia se hace más fuerte, como si ella acabara de abandonar aquel espacio, justo un momento antes, o estuviera a punto de entrar en él para siempre.

Quizás por eso, en sus más recientes y exquisitas acuarelas, se libera de todo el andamiaje ultramoderno para quedarse tan sólo con la figura de la mujer como centro, dibujada esta vez en suaves tonos pasteles y sin la profundidad demarcadora, que producen las sombras oscuras, contrastantes, en sus óleos.

Ilusionismo, evasión, sensualidad, teatralidad y morbo se mezclan muy bien en la vida y obras tridimensionales de Orlando Rafael Quevedo, un pintor nacido allá en el Holguín de 1970, cuando los cubanos de la Isla, entre enloquecidos e ingenuos, intentaron dibujar sin éxito la inalcanzable zafra de los 10 millones. Fue el mismo año en que murió Jimi Hendrix, los Beatles se separaron para siempre y el Apollo 13 amarizaba milagrosamente en el Océano Pacífico.

Reinaldo López Jr.

separa

Comentarios: (4) (No publico los que contengan malas palabras)

reyviejo
2/11/2013 9:03 AM
Me gusto, he visto que adaptas tu lenguaje al tipo de presentacion, en este ejemplo tu lenguaje es mas academico, pero lo encontre bien, aunque no sea entendible para todo tipo de publico, pero no importa: \"no se hizo la miel para la boca del asno\"

separa

Midtown Miami
2/11/2013 10:52 AM
Este fue el comentario que te deje en universoincreible.com:

He estado dos veces en el Village of Merrick Park de Coral Gables y el lugar es fabuloso, las galerias de arte estan en el level 3 si no lo he olvidado. Sobre el olvido del pintor de su pasado es totalmente normal si uno recuerda como se sale de cuba odiando a las once mil virgenes. Gracias Reinaldo, Orlando Quevedo debe ser un orgullo para todos, como bien dices en tu comentario.

Pero me falto agregar que son muchos los artistas y profesionales cubanos que prefirieron hacer borron y cuenta nueva con su vida, pues la esperanza es un lujo que el exiliado no puede darse muchas veces.

separa

el mareao
2/11/2013 12:10 PM
yo creo que este muchachito tiene el ego un poquitin subido de tono, son muchos y muy buenos los alumnos de cosme proenza, muchos

separa

J
2/11/2013 7:22 PM
Ss pinturas cuestan entre 4 y 9 mil dolares. Bastante poco para ser el \"mejor alumno\" jajaja.

separa

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